Jaime Avila

City Lights

Cuando uno piensa en Japón como turista, seguramente saltarán a la mente la gastronomía, la cultura, el imponente monte Fuji y el orden que impera en las calles, en la gran coreografía que se ve todos los días entre su transporte público, personas y millones de peatones. Sin embargo, una de las cosas de las que poco se habla, pero yo incluiría en esta lista sin dudarlo sería la escena nocturna de sus calles. Especialmente en ciudades como Kyoto, Osaka y por supuesto Tokio.

Todos los días, al llegar a su fin, se va descubriendo con la obscuridad un panorama completamente oculto a la luz del sol. Luces de neón empiezan a cobrar fuerza en prácticamente todas las fachadas de avenidas principales, y pequeñas luces en los callejones van develando bares y pequeños restaurantes. De igual forma, el ritmo de la gente empieza a cambiar también, poco a poco, miles de oficinistas apresuran el paso para darse cita en los cientos de comercios de entretenimiento que ofrece horas de esparcimiento después de la jornada laboral. Karaokes, bares, cafés temáticos, restaurantes y pequeños lugares de comida “sanadora”; Ramen y noodles en general, que igual parecen funcionar antes y después de salir de fiesta. 

Cuando esto sucede, vale la pena tomarse unos minutos a ser testigo de esta transformación y ver como todo empieza a cambiar, como si cambiara toda la escenografía en un par de minutos en un movimiento completamente orquestado. Un ingrediente que puede mejorar todavía esta experiencia sensorial es la lluvia, que por una parte crea una capa reflejante en el pavimento para todas las luces de la ciudad, pero también para dar la señal a todos los actores a que saquen sus paraguas, transparentes en su mayoría, y sigan todos en su mismo camino a casa o en busca de algo de diversión. Las ciudades no paran, no colapsan. Mojadas siguen su ritmo y van mostrando para los ojos asombrados de los turistas una nueva cara cada noche.