Jaime Avila
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Por lo general, uno planea un viaje de manera que no existan contratiempos. Quizás lo que uno menos quiere cuando viaja es perderse. Para este proyecto, hice todo lo opuesto. En ocasiones anteriores, ya había fotografiado una ciudad, CDMX, durante 24 horas continuas en varias ocasiones, sin embargo, buscaba hacer lo mismo en una ciudad completamente ajena a mí. Una ciudad de la cual conociera lo menos posible, y así fue como decidí planear un viaje a Japón con el fin de fotografiar Tokio durante 24 continuas y tener así, un retrato de la ciudad, de su gente, de lo que pasa durante el día y la noche.

De manera intencional no dediqué tiempo a aprender el idioma, salvo frases indispensables; hola, por favor, gracias y pedir una cerveza. Lo demás, fue planear un viaje por otras ciudades japonesas en donde pude llevar a cabo otras series de foto y aprender lo más básico que requería para llevar a cabo este proyecto que era como moverme y donde comer. 

Así es como desperté una mañana de abril en Tokio, y sin conocer la ciudad, hice un par de anotaciones en un mapa de papel, desactivé el GPS del celular, tomé una cámara y un lente (X-T2 y 35mmF2, ambos de Fujifilm, marca a la cual represento como X-Photographer) y salí a las calles sin ninguna otra intención más allá que dejarme perder y hacer fotos en el proceso. 

El primer lugar que visité fue el mítico mercado de Tsukiji, en donde me tomó un poco de tiempo tomar confianza y empezar a retratar, la referencia que tenía haciendo fotos en mercados fue muy reciente en la Central de Abastos en la Ciudad de México, donde no fui muy bienvenido. La gente del Tsukiji parecía no importarle mi presencia, estaban todos concentrados en sus trabajos y para ellos yo era un turista más; aparentemente están habituados a las visitas de extranjeros.

Al salir del mercado, caminé hacia el norte atravesando por Ginza y llegando hasta el antiguo Palacio Imperial, posteriormente algunos recorridos en metro para descubrir Akihabara y posteriormente el parque Ueno. Posteriormente, al caer la noche, me dirigí hacia Shinjuku, un barrio muy concurrido en viernes por la noche tanto por locales como turistas, en busca de distracción en uno de los cientos de bares que se encuentran ahí. Más tarde, ya entrada la noche, tomé el metro hacia la famosa estación de Shibuya, en donde se encuentra el crucero peatonal más concurrido del mundo. Después de 12 horas en la calle, me pareció reconfortante ver una cara conocida; Bo Johnson, un americano que solía pedir dinero en la calle de Madero en la Ciudad de México vestido como Finn, personaje de Star Wars.

Poco antes de la media noche, volví a Shinjuku, donde noté que los tokioitas salían apresurados de los bares donde se encontraban para tomar el metro de vuelta a casa. Traté de abordar el metro también, pero fue imposible por la cantidad de gente que había y mi poca destreza para hacerlo, así que decidí caminar. Poco a poco, las calles se iban vaciando, dejando ver lo disciplinados que son los japoneses; eran ya cerca de las tres de la mañana, sin autos alrededor y los pocos peatones que había en las calles todavía esperaban respetuosamente a que el semáforo cambiara de luz y es diera su paso. Después de una larga caminata en un Tokio prácticamente vacío, volví al hotel para refrescarme un poco, cambiar baterías y volver a las calles. 

Esta vez, decidí caminar hacia el sur, en dirección del puerto y llegué al famoso Rainbow Bridge, que tras intentar subir a pisen mucho éxito, pude quedarme a disfrutar del paisaje, uno de los mejores amaneceres que he visto en mi vida, entendiendo por que la artista LP le dedicó toda una canción: Tokyo Sunrise.  Después del espectáculo, comencé mi camino de vuelta al hotel.

Abordé uno de los primeros trenes de la mañana y pude ver como poco a poco las “criaturas de la noche”; jóvenes con señales de que van terminando la fiesta, empiezan a mezclarse con aquellos que toman temprano el metro para ir a trabajar, y juntos, recargar sus cabezas para dormir un poco.

Estas fotos son una parte del resultado de haber conocido Tokio a través de los ojos de un turista perdido entre sus calles, tratando de hacer un retrato de la ciudad durante 24 horas.

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